Tras unos días en Punta Umbría, volví a Asturias. Mi primer destino fue el puerto de Candás, a donde fui temprano para evitar la algarabía de la gente. Pude ver los efectos del personal de limpieza del vertido de crudo. A simple vista, no se aprecian restos, pero la muerte negra acechará en los fondos y en las rocas durante años...
Puerto de Luanco.
Día soleado y mar tranquila, un paleo tranquilo hasta la localidad de Luanco, a lo largo de la jornada creo recordar una única picada de una aguja que acabé soltando.
Tras pasar la mañana en la Concha Artedo, a la tarde me fui a Luanco, aunque primeramente me pase por Llumeres y por Bañugues, pero el oleaje me hizo buscar una opción "más seca" de embarque. Una vez en Luanco, el acceso al puerto está cerrado al tráfico, de modo que decidí embarcar en la playa...y otra vez a remojarme para evitar las olas orilleras.
Al poco de salir del puerto noto un tirón muy fuerte, brutal, pero lo que fuera se soltó antes de llegar a verlo.
No obstante, seguí paleando por la zona, observando detenidamente las rompientes que se forman en los numerosos bajos de la zona, la mar estaba bastante movidita, y de vez en cuando soplaba un fuerte viento sur. Pese al aspecto amenazador del cielo, esta vez solo me llovió al cargar el kayak en el coche y pude disfrutar de una estupenda puesta de Sol.
Tras llegar de la ensenada de Llumeres, antes de salir del kayak, me di un paseo por este precioso pueblo de la costa asturiana. Podemos ver el viejo puerto, y el nuevo, donde a mi pesar está impedido el paso a vehículos ajenos al mismo, por lo que tuve que darme una caminata...y encima la rampa de acceso al agua, con una cadena...
(Grua del puerto viejo)
Mi recomendación para aquel que quiera embarcar en Luanco, es madrugar, pues el parking próximo al puerto y playa es mínimo y tanto en invierno como en verano se hace díficil aparcar.
(La antigua escollera integrada hoy en el nuevo puerto)
Durante el pasado puente de diciembre, me acerque a mi tierra, y antes de llegar a casa, me acerque a Luanco, capital del concejo de Gozón (Asturias). Las previsiones durante toda la semana rondaban los 3 mts de mar de fondo, procedente de NW. Mi sorpresa fue encontrarme con unas temperaturas primaverales de 17ºC, que para ser el mes de diciembre en el norte penínsular, estaban más que fenomenal.
Mi intención era aproximarme al entorno del Cabo Peñas, más en concreto a la ensenada de Llumeres, donde existen aún los restos de un antiguo cargadero de mineral de hierro.
(Puerto de Llumeres, y el tono rojizo de sus aguas)
(Por si acaso casco...y acabó en mi cabeza!!)
Tras salir del puerto, y tomar rumbo W, lo primero que veo es como en los bajos de la Vaca, el mar golpea con fuerza. Llegado a la ensenada de Bañugues, las series de olas van entrando ininterrumpidamente, lo que hace arriesgado acercarse a la misma.
A lo lejos ya se divisa perfectamente el Cabo Peñas y su faro, y a mi derecha a contraluz, puedo intuir lo que debe de ser Llumeres...
Conforme me acerco, voy vislumbrando los restos del viejo puerto donde los barcos cargaban el mineral de Hierro de la mina cercana a la misma ensenada.
Me llama la atención, el color rojizo que presentan sus aguas, me imagino que es el precio de su pasado comercial.
(Punta Narvata)
De vuelta a Luanco, me vuelvo a encontrar con una símpática y viajera Alca común, que a ojos del neófito pudiera parecer un pingüino, pero, nuestra compañera de viaje entre otras diferencias, mantiene su capacidad de vuelo.
Nervioso como un niño, me dirigí a SEUR a recoger mi Solaris de Goltziana, y tras desempaquetarla, realicé mi primera travesía por la costa de mi vida, la costa asturiana.
Como prueba, una corta y sencilla travesía partiendo desde el bonito pueblo de Luanco, que en estas fechas veraniegas es un hervidero de gente, paseando por sus calles o tomando el Sol en su playa.
Impaciente por seguir descubriendo, la costa de mi tierra, me dirigí a la playa de Santa María del Mar, para adentrarme en los acantilados del Cabo Vidrias, de imponente altura y en la más absoluta soledad.